Pensó en aquella pregunta que no podía dejar de pensar. Y pensó, pensó. ¿Qué era el sexo al fin y al cabo? Un roce de piel, un tacto de ida y de vuelta, un leve escalofrío, una excitación, placer, una penetración, un grito, un orgasmo, un beso. Las lenguas en un juego apasionante. Las yemas de los dedos acariciando la piel del otro. Dos cuerpos desnudos tocándose, casi en un roce casi asfixiándose. Una gota de transpiración, calor, un grito, mucho calor, un orgasmo, el placer. Una sonrisa. Felicidad. Satisfacción. Un beso en el cuello. Una caricia en el cabello, los dedos entrelazándose en su profundidad. Un beso. Una mirada. Un suspiro. Alguna charla insensata. Y eso era todo. Ahí acababa, y faltaba algo. Algo que no podía entender. Pensó, pensó, pensó.
- Che- la interrumpió aquel ser que no recordaba. Cabellos enrulados salían despedidos de su cabeza. Rulos, miles de ellos reproduciéndose incesantemente.- ¿Y en un globo aerostático?
Pensó, pensó, pensó. Lo observó. Quiso decir algo pero no lo hizo. Las palabras se esfumaron antes de salir de sus labios.
- ¿Qué?- preguntó el individuo impaciente, que poco a poco empezaba a recordar.
- Nada- dijo, con una sonrisa pícara en los labios. Y siguió pensando.
ACLARACIÓN: Surgimiento de esto gracias a una pregunta:
¿Tendrías sexo en un globo aerostático?